La vibración del móvil me despertó y pensé que era la alarma como de costumbre; el reloj digital proyectaba en mi pared las 06:28, aún no era la hora. Con solo un ojo abierto miré la llamada entrante mi tía que vive en Caracas justo a tres calles de Miraflores, el palacio presidencial de Venezuela.
—Hola amor. No te asustes por lo que te voy a decir, están bombardeando Caracas.- Relata llorando.
—¿Cómo, pero quiénes?- Pregunté con la voz entrecortada aún dormida.
—No sé, mira en las noticias porque el internet encima se cayó.
—Déjeme mirar y le aviso.-Colgué y me dormí de nuevo.
Solo dos minutos después sonó mi alarma y me levanté de la cama, revisé las noticias al terminar de cepillarme los dientes sin ninguna prisa -Sí, mi tía me había dado una información muy impactante, pero conociéndola podría ser una de sus imaginaciones; no está loca solo es un poco paranoica- y efectivamente no había nada en ninguno de los portales venezolanos, luego recordé que me dijo lo del internet caído y entré a X. Varias cuentas tenían publicados un de unos helicópteros bombardeando lo que según la misma información daba, era una base aérea de una de las costas de La Guaira.
—La mujer tenía razón.- Me dije a mi mismo antes de soltar el teléfono y meterme a la ducha.
«¿Sería injerencia extranjera o lo se dieron un golpe de estado ellos mismos?´´, era la pregunta que rondaba a mi cabeza mientras conducía al trabajo. Unas semanas atrás Estados Unidos colocó al portaviones mas grande del mundo frente a las costas venezolanas y esto podría ser consecuencia de ello; por otra parte, los chavistas tienen desde hace años una purga interna que en cualquier momento podría implosionar.
—¿Vieron la vaina de Caracas?- Pregunto a mis dos compañeras de trabajo.
—¿Y será verdad?- Responde una de ellas.
—Me voy a informar por el grupo de ex compañeros de la uni que alguno sigue ejerciendo y tiene sus contactos por ahí.-Dije antes de enviar una nota de WhatsApp.
Según varios de los colegas -de los que me fio con los ojos cerrados- efectivamente hubo un bombardeo en Venezuela, no solo en La Guaira sino en el pleno corazón de la ciudad, específicamente en Fuerte Tiuna, la residencia oficial del Presindente y que, según sus fuentes, fueron los ‘’gringos’’ (nombre que le damos a los estadounidenses en Latinoamérica).
—Mierda la vaina va en serio.- Informo a mis compañeras.
—Mi papá tiene amigos militares y también me dice lo mismo.-Dice una.
La radio en la que solíamos colocar música se convirtió en nuestra principal fuente de información. En los principales canales de noticias no se hablaba de otra cosa, solo del bombardeo: que si una bomba explotó en casa de Diosdado Cabello; otra en la de Vladimir Padrino López; en el Cuartel de la Montaña, y así muchos otros sitios, pero nadie daba cien por cien de veracidad ni el motivo del ataque.
Sobre las 10 de la mañana por fin tuvimos información de lo que en realidad había pasado: «Nos informan que Maduro ha sido sustraído de Fuerte Tiana y lo llevan a uno de los portaviones estadounidenses´´, decía el periodista con una incontenible sonrisa mostrando una imagen de la cuenta de Truth Social de Donald Trump.
Los tres nos dimos un abrazo y empezamos a saltar de alegría. Parecía un sueño o una película, no sabría describir el momento, lo siento. Por mi cabeza pasaron rápidamente dos pensamientos: ´´Somos libres, se llevaron a Maduro. Estamos jodidos, los gringos entraron como Pedro por su casa´´. Esa lagrima que salió pudo ser de alegría o de tristeza, nunca lo sabré por la emoción de un momento que confieso nunca pensé vivir.
La gran pregunta que desde entonces me suscita incertidumbre es: ¿qué va a pasar ahora?…. Luego de unos meses poca cosa ha cambiado y, según los vientos que soplan, parece que seguirá así durante un buen tiempo. Solo nos queda seguir esperando, mientras tanto promesas van y vienen y los venezolanos sufriendo las mismas penurias de antes, durante y después del maldito chavismo.