Queso con limón

Historias del día a día

La larga fila

—Este es el músico con el que canto ahora. Es pianista y guitarrista.—Me dijo Eduardo esa tarde en la plaza del pueblo.

—Alejandro, encantado—Respondió con una gran sonrisa, como si me conociera de toda la vida.

Vestía una bermuda de blue jean, camiseta roja sin mangas y una gorra del mismo color. Podría tener 30 o 40 años quién sabe; lo único que puedo asegurar es que tenía mucha energía y se le notaba al expresarse, quizás por eso no podía descifrar su edad.

—¿Entonces tú eres trombonista chamín?—Me pregunto.

—Bueno hago el intento.—Respondí con timidez.

—En este mundo se es o no, el que duda está jodido.

—Es que apenas he tocado en la banda y con el grupito que tenía con Eduardo.

Apenas se inmutó al comentarle mi experiencia casi nula. Según mi amigo, en la isla estaba muy demandado por muchas orquestas y solistas, aunque no era considerado un músico excepcional. Vivía 100% de la música así que malo tampoco podría ser.

—¿Tú que edad tienes 18?—Me preguntó.

—16.

—Mejor, así vas a poner en práctica esto desde mas joven.—Dijo mientras se preparaba como fuese a dar un discurso, de hecho pensé que iba a soltar un chiste o una broma.

—Tienes que ver la música y la vida como si fuese una larga fila.—siguió.—Tú estás en un punto ahora mismo, miras delante y hay muchísima gente, luego giras la cabeza y detrás ves a otras tantas; todas esas personas son mejor o peor que tú, pero te van a elegir y no debes dudar porque algo vieron en ti que el resto no tenía. Estás ahí entre cientos o miles; imagina cuántos músicos hay en el mundo y deciden darte la oportunidad. No deberías sentirte mal pensando que alguien puede hacerlo mejor.

—Ok.—Dije mientras asentía con la cabeza. Lógicamente no había entendido nada de lo que me acaba de contar ni el porqué lo hizo.

—Entonces, ¿vas a tocar con nosotros? Necesitamos gente joven que le quiera echar bolas.—Me consultó con esa sonrisa que luego de verla varias veces me era familiar.

—Me encantaría, pero creo que iré a Caracas a estudiar en la universidad; además, no sé leer partituras. Seguro que hay alguien que sabe y le interesa.

—Coño marico como que no le paraste a lo que te acabo de decir.—Increpó antes de soltar un risa.

—Me lo voy a pensar entonces.—Mentí.

Luego de muchos años entendí el verdadero significado de todo lo que aquella persona quería decirme y como muchos otros ‘’personajes’’ que conocí a lo largo de mi vida, a este nunca más lo volvería a ver. Igualmente ya me había aportado su granito de arena.

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