Queso con limón

Historias del día a día

Horrocruxes I: La caja de música

Paradójicamente la ultima vez que giré la manecilla de la caja de música fue la única que reconocí a la primera la melodía de All of Me de John Legend. Esa que al principio me costó descifrar y que acabó en discusión, una de muchas; la que tenía en su tapa una foto en blanco y negro de los dos; la que a diferencia del objeto de madera decidí tirar días después de la ruptura. 

Soy fiel creyente de las energías y considero que si conservamos un objeto que nos regalaron, éste poseerá un trozo de esa persona. Entendamos que invirtió parte de su tiempo en seleccionarlo y por lo tanto algo deja en él. Por otro lado, está la importancia que nosotros le damos, todo va sumando fuerza y mientras lo conservemos este ser estará presente en nuestras vidas. Esta idea tomó fuerza luego de ver Harry Potter y el misterio del príncipe, donde aparece por primera vez el termino de Horrocrux; la diferencia es que en mi caso por suerte no murió nadie.

Al volver a casa, después de tirar en un contenedor de reciclaje unos calcetines y un pijama de Marvel, regalos de mi último cumple juntos, la cajita seguía en la mesa de noche con su tapita abierta. No me atreví a girar la manecilla y que la melodía evocará recuerdos. Siempre me pregunté si de verdad esa canción le recordaba a mí, a nuestra relación, o si era una de las tantas que había en la tienda y fue elegida al azar. Por qué le tenía tanto apego a un objeto insignificante materialmente, quizás ahí estaba la respuesta, no era lo físico sino lo espiritual. Comprendí después de algunos años que no se puede convivir con los ‘’Horrocruxes’’ y que debía desechar cada uno de ellos.

No tuve valor de romperla como hice con el retrato de los dos que colgaba en mi pared. Era simplemente perfecta, aunque en parte de su interior comenzaba a notarse algo de óxido por la falta de uso. Al ser de madera pensé en quemarla, pero su parte de metal no se destruiría y me pareció cruel, el afecto hizo bien su trabajo.

La tomé entre mis manos y susurré ‘’que bien suenas’’, me sentí como Gollum adorando un simple objeto, pero a diferencia del personaje de la película, pude salir del letargo; cerré la tapa y di vuelta a la manecilla por última vez. Escuché su melodía un par de veces sin que me viniera a la mente ningún recuerdo (‘Cause all of me loves all of you, love your curves and all your…), como si chocara contra una puerta cerrada, esa que es mejor no seguir intentando abrir porque sabes que lo lograrás y que detrás no hay nada bueno. Me levanté y la fui a dejar sobre el mismo contenedor de ropa que había estado antes. Media hora después pasé por ahí por ‘’mera curiosidad’’ y ya no estaba. Quien la tomó no sabe la historia que hay detrás y seguro se construirá una nueva sobre ella.